miércoles 11 de noviembre de 2009

Muñoz Molina narra el drama del exilio en 1.000 páginas
La nueva novela del escritor andaluz, 'La noche de los tiempos', se publicará en noviembre
JESÚS RUIZ MANTILLA - Madrid - 30/07/2009


El soplo de una idea para un novelista viene siempre de improviso. Por ejemplo atravesando un bosque. Así es como a Antonio Muñoz Molina se le ocurrió su última novela, La noche de los tiempos. Contemplando cómo la extraña placidez de los árboles podía verse quebrada de repente por algo imprevisto y horrible. "¿Qué hace una persona templada y pacífica cuando la normalidad se derrumba y no parece que haya otra alternativa que la matanza?". Tal vez la huida, el exilio, de eso precisamente trata su nueva obra de 1.000 páginas en la que ha invertido un esfuerzo titánico de tres años y que será publicada en noviembre por Seix Barral.

Antonio Muñoz Molina


"Las primeras ideas las tuve viajando en tren por la orilla del río Hudson entre Nueva York y una pequeña estación dos horas al norte. Cuando me dirigía a Bard College, una pequeña universidad en la que el escritor Norman Manea me había invitado a dar unas clases". Las casualidades nunca vienen solas. "Norman es un excelente escritor rumano exiliado en Estados Unidos. Bien podía haber sido un personaje de mi libro Sefarad". Aquella obra poblada de nómadas sin patria en la que se cruzaban exilios y vidas truncadas, tiene mucho que ver con la nueva novela del escritor andaluz. Solo que ahora Muñoz Molina ha querido describir el drama del exilio español tras la Guerra Civil.

Al principio pensó centrarse en algún escritor. "Un personaje que siempre me inspiró curiosidad es Pedro Salinas. No es un exiliado del 39 sino del 36, que aprovechó un puesto precario de profesor invitado en Wellesley College para quitarse literalmente de en medio". Pero a medida que empezaba a narrar, desechó centrarse en un poeta. "No me apetecía escribir sobre literatos en la guerra, en parte porque ya lo hice en Beatus ille, y porque en general las vidas de los escritores no me parecen interesantes para la ficción". Así que cambió de gremio: "Se me ocurrió que el personaje principal fuese un arquitecto con una idea de modernidad comprometida a la manera de la Bauhaus y de sus importantes derivaciones españolas. Artistas como Sert, Lacasa o Sanchez Arcas". Así es como su personaje, Ignacio Abel, se puso a trabajar en el gran proyecto moderno del final de la monarquía y la República: la Universidad Complutense de Madrid. "Pero también lo hice autor de mercados y escuelas públicas. Debía ser un socialista pragmático y alguien que, como Salinas, reforzara su ascenso social a través del matrimonio". Un tipo con su lado oscuro: "Debía tener mucho de otro trepador social de la época, siempre dividido entre su origen popular y su ascenso a la clase media". Aquí Muñoz Molina se inspiró en Arturo Barea, uno de sus autores favoritos.

Tres años para una labor titánica

La técnica, el sistema de trabajo lo ha llevado a veces a callejones sin salida donde se ha sentido perdido. Sobre todo al principio. Escribía borradores al tiempo que leía libros de la época. "Durante más de un año lo hice bastante a ciegas. Todos los días, con una mezcla de esperanza y obstinación, abandonando muchas veces, buscando otras maneras de empezar, inseguro de todo". El material amenazaba con engullirlo. Tenía miedo de desplomarse. "Todo crecía monstruosamente. Escribía e investigaba al mismo tiempo. La escritura guiaba la búsqueda documental y la documentación me daba más pistas narrativas". También le preocupaba no estar a la altura para narrar una época que no había vivido. "Me obsesionaba la dificultad de escribir con naturalidad. Tenía que contar no solo las cosas que les sucedían a mis personajes sino también mi propio deseo de tocar con las manos los objetos cotidianos que pertenecen a una época y desaparecen sin dejar casi rastro".

La historia avanzaba por caminos inesperados. El autor deambulaba por los escenarios como un poseso. "A veces me encontraba yendo un poco alucinado por la calle, buscando los lugares exactos donde habían sucedido episodios reales o inventados". Pero poco a poco el círculo fue cerrándose. Al final, el autor de El jinete polaco ha construido una novela de amour fou propia de una época de desmoronamientos y huidas. Una narración en la que aparecen exiliados de España que simplemente aspiraban a que se cumpliera la legalidad republicana. "Personas divididas por dentro como Salinas, Moreno Villa, Chaves Nogales o Barea. Los cuatro se negaron a dejarse arrastrar por el sectarismo o apartar los ojos de lo que estaba ocurriendo o a justificar ningún crimen. Los cuatro se marcharon de España y no volvieron nunca".

sábado 7 de noviembre de 2009

La generación científica perdida

REPORTAJE: Apuntes EL PAIS
La generación científica perdida
Algunos vivieron recluidos, otros recorrieron el mundo - La Guerra Civil deshizo una prometedora comunidad investigadora española. Estas son sus historias

IGNACIO ZAFRA - Valencia - 06/11/2009

En la fotografía, extraída de un recorte del diario ruso Pravda, se ve a Vicent Sos Baynat asomado con tres colegas a un balcón del hotel Moskwa, a tiro de piedra de la Plaza Roja. Corría el año 1937. Sos Baynat no era, que se sepa, un espía. Asistía al Congreso Internacional de Geología, en Moscú. Y formaba parte de la prometedora comunidad investigadora que, desde la concesión del Nobel de Medicina a Santiago Ramón y Cajal (en 1907), encarnó la llamada edad de plata de la ciencia española. Una generación quebrada por la Guerra Civil y esparcida por el mundo tras la victoria del general Franco a la que la Universitat de València y la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales rinden estos días homenaje con el congreso El exilio científico republicano.


Baynat pasó 10 años en una habitación, sin material, y trabajó de memoria

El exilio adoptó muchas formas, cuenta el catedrático Josep Lluis Barona, organizador del encuentro. Hubo quien intentó mantener la idea de comunidad científica española, aunque fuera en la diáspora. El Instituto Cajal fue prácticamente transplantado a México. Algunos exilios suprimieron para siempre la carrera de sus protagonistas, y otras siguieron creciendo al calor de grandes instituciones científicas internacionales que, en general, los acogieron más por su valía que por solidaridad.

Probablemente el del paleontólogo Vicent Sos Baynat, nacido en Castellón en 1895, catedrático, miembro del Museo Nacional de Historia Natural, integrado en el llamado exilio interior, fue uno de los más dramáticos.

Tras el congreso de Moscú el profesor regresó a España y, una vez terminada la guerra, se trasladó Madrid. Un viaje en tren que Sos Baynat y su familia vivieron con el corazón en un puño, esperando en cualquier momento un registro de la Guardia Civil. El paleontólogo no había tenido responsabilidades políticas. Pero era republicano, había dado clases en la Institución Libre de Enseñanza, y por menos de eso se habían abierto muchos expedientes de depuración y algunos profesores habían sido fusilados. Al llegar a Madrid, Sos Baynat se escondió en un armario. Y pasó los 10 años siguientes encerrado en una habitación donde, sin embargo, siguió trabajando y escribiendo sin apenas material, "con lo que tenía en la cabeza", dice Barona.

El paleontólogo abandonó su escondite para dar clase, con nombre falso, en el colegio de sus hijos. Después se mudó a Plasencia (Extremadura) y allí, una mañana, mientras la familia se preparaba para ir a una boda, la Guardia Civil se presentó en casa y se lo llevó detenido. Fue inhabilitado para la docencia, se le cerraron las puertas de la investigación y de otros muchos oficios. Tuvo que ganarse la vida elaborando informes geológicos para una empresa minera.

Cuando le quedaba un mes para jubilarse le comunicaron el levantamiento de su sanción. Se trataba, explica Barona, catedrático de Historia de la Ciencia, de una práctica común en la época: se les perdonaba semanas antes del retiro obligatorio, de forma que no tenían derecho a nada. Sos Baynat se negó a firmar aquella rehabilitación.

La reivindicación llegó más tarde, y fue intensa a partir de la Transición. Se convirtió en el primer doctor honoris causa por la Universidad Jaume I de Castellón, el 12 de junio de 1992. Tres meses después falleció.

Los exilios significaban normalmente más kilómetros. Como el de Pío del Río Hortega, nacido en 1882 en Portillo (Valladolid), discípulo de Cajal, impulsor del primer instituto español de investigación sobre el cáncer, profesor visitante en varias universidades europeas, que al concluir la guerra recibió la ayuda de la Sociedad para la Preservación de la Ciencia y del Aprendizaje, institución británica creada inicialmente para dar asistencia a científicos y académicos alemanes perseguidos por Hitler, sobre todo judíos.

Del Río Hortega se estableció en Inglaterra y allí descubrió la microglía. Hasta entonces, señala Barona, se había atribuido una función a las células neuronales, pero se desconocía el papel del resto de elementos que forman parte de la sustancia del sistema nervioso (como las microglías). El médico español fue investido honoris causa en Oxford y propuesto para el Nobel. Después se fue a vivir a Argentina ("la cuestión lingüística y de afinidad cultural debió influir en muchos exiliados", afirma Barona), donde había establecido lazos académicos, y murió en Buenos Aires en 1945.

Aquel año trazó una gran divisoria. Hasta esa fecha, límite de la Segunda Guerra Mundial en suelo europeo, muchos científicos españoles conservaron la esperanza de que el conflicto terminaría alcanzando a la Península Ibérica y llevándose por delante el régimen de Franco. Cuando se hizo evidente que los Aliados no cruzarían los Pirineos, cuenta Barona, muchos decidieron cambiar el exilio europeo por el americano.

¿Cuántos científicos, investigadores y médicos españoles se exiliaron? Es muy difícil de decir, dice Barona, entre otras cosas porque parte de los exiliados nunca han sido identificados como tales y otros sólo lo fueron después de su muerte. Ese fue el llamativo caso de Antonio Chamorro, nacido en Huesa (Jaén), en 1903, médico, rector de la Universidad de Granada, militante del PSOE y de la UGT, a quien el estallido de la Guerra Civil sorprendió, ironías de la vida, durante una estancia de investigación en Berlín.

Chamorro no volvería a Granada hasta casi medio siglo después, y estuvo de visita. Fue jefe de investigación en el Instituto Curie, en París, y amigo, entre otros, de Picasso. Todo indicaba que había rehecho completamente su vida. En su testamento, sin embargo, legaba sus bienes (entre ellos un apartamento en París y un chalé en el sur de Francia) a la Universidad de Granada con una única condición: que sus cenizas fueran esparcidas en el cementerio de la ciudad andaluza, cerca de la tapia donde sus colegas académicos fueron fusilados.

viernes 4 de septiembre de 2009

"La poesía es un arma cargada de futuro"
Porciones de tierra de distintas comunidades de España se esparcieron este jueves sobre la tumba del poeta chileno Pablo Neruda, frente al Océano Pacífico, en homenaje a su gestión para refugiar en Chile a unos 2.000 españoles que huían de la guerra civil, arribo que hoy cumplió 70 años.

Sobrevivientes del carguero Winnipeg --barco que trajo consigo a más de 2.000 refugiados españoles-- y sus descendientes llegaron hasta la casa del poeta, en donde también descansan sus restos, y desfilaron frente a la tumba de Neftalí Reyes, verdadero nombre del vate chileno.

La casa de Neruda --una de las tres que poseía en Chile-- se ubica en un acantilado frente al Océano Pacífico en Isla Negra (110 Km. al oeste de Santiago), región de Valparaíso, en la zona central de Chile, y hoy está convertida en museo.

Según explicó el pintor José Balmes --quien viajó en el Winnipeg cuando tenía 12 años-- de los 2.000 inmigrantes sobreviven actualmente unos 180.

Del homenaje también participó el Coro Vasco, que precisamente tuvo su origen a bordo de la embarcación y cuyos nuevos integrantes lo han perpetuado hasta la actualidad.

En la vivienda del Nobel de Literatura (1971), se hicieron proclamas en favor de Neruda y en contra del régimen de Francisco Franco, quien lideró el golpe militar en España que desencadenó en la guerra civil española (1936-1939), y de la que ellos debieron huir.

El miércoles, la presidenta chilena, Michelle Bachelet, agradeció el aporte que los inmigrantes españoles han hecho a la cultura chilena. "A todos ellos les debemos parte de la fisonomía que Chile ha llegado a tener hoy", dijo la mandataria en una ceremonia de conmemoración.

Para encarar sus gestiones, Neruda fue designado cónsul para la emigración española en Francia por el presidente chileno de la época, Pedro Aguirre Cerda.

El poeta agrupó a los refugiados --quienes permanecían en campos de concentración franceses-- hasta que el 3 de septiembre de 1939 zarparon del puerto de Trompeloup, en Francia. La travesía hacia Chile duró un mes.

Winnipeg 70 años de su arribo a Chile

Se celebró en estos días el 40 aniversario de un viaje al espacio, de una llegada a un lugar más que remoto – la luna – y de un paso pequeño para el hombre, pero un gran paso para la humanidad. El triunfo del hombre sobre las estrellas, la demostración que no hay fronteras que nuestra sociedad no pueda cruzar. Es decir la prosa grandilocuente que se acostumbra en estos casos. Es una efeméride de gran importancia – no cabe duda - científica, tecnológica y también – porque no decirlo – económica. Los medios de comunicación nos lo recuerdan día si, día también.

Hay otras efemérides. Otras historias, a escala mas humana y mas local, que no tuvieron la posibilidad de ser filmadas, ni retransmitidas por el orbe y que a pesar de ello aún pueden ser recordadas ya que son mas cercanas a nosotros y a que tienen en si mismas lo mejor del ser humano, su humanidad. No estoy en contra de celebrar la llegada del hombre a la luna, faltaría mas, es que estoy mas a favor – en este mundo inconcientemente globalizado – de las historias de hombres, mujeres y niños, de celebrar las verdaderamente humanas.

El siguiente relato, es para muchos inexistente, no por que no haya sucedido, más bien porque no ha sido lo suficientemente
Recorriendo los cerros de Valparaíso, ciudad y puerto principal de Chile y de cómo coincidimos, en la deuda histórica que se tiene con un barco, el Winnipeg, con sus “pasajeros”, con un poeta, con una historia que, sin dudarlo, merece ser contada y recordada. Es la historia de una travesía que empieza en el océano Atlántico y termina en el océano Pacifico y de como la blanca estela que dejara en estos océanos se transformó en un surco en tierras lejanas donde llegaron semillas que germinaron y seguirán germinando. Esta es la historia:

Cuando en 1939 le nombran cónsul especial en Paris, Neftali Reyes Basualto no imaginaba – o puede que sí – que estaba apunto de iniciar el camino que le llevaría a realizar su mejor obra.

Él mismo, meses antes – con el pseudónimo de Pablo Neruda, como se le conoce – le había propuesto a Pedro Aguirre Cerda, entonces Presidente de Chile, llevar a ese país profesionales que huían de la guerra civil española o que estaban en campos de hacinamiento en Francia. La respuesta fue “sí, tráigame vascos, castellanos y extrémenos, … tenemos trabajo para ellos…”



Refugidos españoles en el campo francés de Saint Cyprien.
Neruda sentía en sus entrañas el dolor de esas gentes, su conciencia humanista, su alma sensible de poeta y los recuerdos de García-Lorca – y de su asesinato -, de la generación del 27 y de otros, entre ellos los poetas vascos Gabriel Celaya, Blas de Otero, el cual le dedica su poema “Guernica”, le susurraban, a veces, le gritaban, las mas, que algo se debía hacer.

Así empieza a dar forma en su cabeza el viaje del Winnipeg, un destartalado carguero de 5000 toneladas que nunca llevó más de setenta u ochenta personas a bordo, además de cacao, sacos de café y de arroz. Ahora le estaba destinado un cargamento más importante: la esperanza. Uno de los viajeros recuerda del como subió al barco: ¿Usted es trabajador de corcho? – le preguntó Neruda -, sí señor dijo el hombre con siete hijos. Hay una equivocación porque en Chile – replicó el poeta – no hay alcornoques. Pues los habrá de ahora en adelante respondió. Suba al barco. Usted es de los hombres que se necesitan”.

Luego de habilitar con literas los seis pisos de las bodegas, alrededor de 2000 personas, vascos muchos de ellos, iniciarían un viaje de vida y hacia la vida misma.

En efecto, el Winnipeg es el símbolo de la lucha de unos hombres para la dignidad de otros, de empeñar parte de la vida propia para brindársela a otros, en definitiva del triunfo de la “humanidad” sobre la sinrazón.

El cuatro de agosto de 1939, zarpa la vetusta nave desde el puerto francés de Pauillac. Muchos de sus “pasajeros” no sabían a que país extraño y exótico se dirigían. Otros decían que su destino estaba en el extremo sur de América pero no sabían en qué punto del mapa situarlo, no importaba. El viaje sería largo y difícil pero a buen seguro – de llegar a destino - les esperaba una vida mejor.


Recorrido del Winnipeg
2ª Parte
Pero había peligros que debieron sortear: submarinos alemanes que atacaban embarcaciones y la posibilidad siempre constante que buques franquistas les abordasen y devolviesen al infierno de la guerra. Sin contar con el hacinamiento de 2000 almas en una embarcación no construida para tal número, que hacía de la travesía, una penosa odisea. Pero entre todas esas penurias, también hubo tiempo para la esperanza, bodas a bordo, nacimientos, e incluso el habilitar botes salvavidas en una especie de tálamo amatorio para la intimidad de las parejas.

Al pasar por el canal de Panamá se presentó otro problema y es que no se había contado con el peaje que se debe pagar por cruzarlo. Una vez solventado el pago se alcanza el Océano Pacifico. Una nueva vida estaba cada vez mas cerca. Lejos cada vez mas lejos el horror y la desesperanza.


Pablo Neruda con parte de los "viajeros"

Quiso el destino que el primero en subir al Winnipeg, una vez en el puerto de Valparaíso, fuese un joven Salvador Allende Gossens, medico y ministro de salud, el que encabezara un equipo con la misión de atender las condiciones en que los “nuevos chilenos” llegaban. El mismo Allende del discurso de las grandes alamedas por donde pasearía el hombre libre para construir una sociedad mas justa. Era el 3 de septiembre de 1939.

Después del reconocimiento de rigor, los recién llegados fueron acogidos y distribuidos por la loca geografía de aquel país. Cada “pasajero” del Winnipeg, en cualquier lugar de Chile donde se instaló, retribuyó con lo mejor de si, tanto en las artes, en el comercio, en las ciencias, agradeciendo de ese modo a una tierra y a un poeta que encarnaron más que una “liberación”, un proyecto de vida en paz y libertad.

Vivimos tiempos en los que los iconos son más importantes que las personas. En el caso de Neruda, sabemos de un poeta universal y premio Nóbel de literatura, pero esa dimensión nos aleja de la persona y de su verdadera obra, la de dimensión humana. Sucede con Salvador Allende y con Víctor Jara (director de teatro y cantautor, el de “Te Recuerdo Amanda”), la dimensión de su trágica muerte, no debe empañar el cómo vivieron. Nos legaron con su obra – la profesional y la vital – herramientas de vida. Coincido también con Jorge Coulon en esto. Lo dice Víctor Jara (su amigo) en la canción “Vientos del Pueblo” que interpreta Inti Illimani: “…así cantara el poeta, mientras el alma me suene por los caminos del pueblo, desde ahora y para siempre”.

Si visitan Chile, acérquense a Isla Negra y a la casa de Neruda, podrán entre las olas del mar y caracolas, entre mascarones de proa y una vieja locomotora a vapor, ver el pasaporte diplomático de Neftali Reyes Basualto y hasta es posible que el rumor del mar, les haga oír las voces de los pasajeros del Winnipeg.

Hasta aquí este hermoso relato que nos regala Hans Hoffmann.
Desde este rincón del mundo saludamos este aniversario de un viaje tan heroico como fecundo.
Es muy posible que las voces de esos pasajeros del Winnipeg se hayan impregnado en más de un rincón de esta tierra haciéndolas canto, el canto de todos.

Artículo de autoría de Hans Hoffmann,

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jueves 3 de septiembre de 2009

Chile homenajea a los exiliados españoles que viajaron en el barco de Neruda
Público, - 3 Septiembre 2009 Se cumplen 70 años de la llegada de los más de 2.300 refugiados embarcados en el WinnipegPÚBLICO.ES/EFE – Santiago de Chile – 03/09/2009 11:48

La presidenta de Chile Michelle Bachelet ha valorado la contribución que los exiliados republicanos españoles hicieron a su país, en la celebración del 70 aniversario de la llegada del barco Winnipeg con unos 2.366 refugiados procedentes de la península ibérica.

La presidenta ha denunciado las injusticias a las que tuvieron que hacer frente los exiliados de la guerra civil española (1936-1939) durante la conmemoración celebrada hoy en la casa presidencial de La Moneda, enmarcada en una semana de actos conmemorativos.

“Fue muy alto el costo humano de no poder convivir en la libertad y en la diversidad”, ha señalado la presidenta, quien se ha referido al final de la guerra civil española como un período de dictadura “que dejó una huella muy profunda de intolerancia y de persecución”.

Bachelet ha señalado la importancia de que, pasados los años, se luche por garantizar los derechos humanos, y ha expresado su satisfacción de que “España sea hoy un país moderno, democrático, progresista, en el que conviven todas las corrientes culturales, políticas y religiosas”.

El barco de Pablo

Además, ha elogiado el papel del poeta Pablo Neruda y del gobierno chileno de Pedro Aguirre Cerdá (1938-1941), que en 1939 organizaron ese viaje para ofrecer a más de 2.300 republicanos un futuro fuera de los campos de concentración franceses donde miles de exiliados se refugiaban.

A la ceremonia asistieron unos cuarenta pasajeros del Winnipeg que fueron recibidos con un emotivo aplauso por las autoridades chilenas, por el embajador español en Chile, Juan Manuel Cabrera, y por representantes de diversos organismos internacionales.

La cita ha comenzado con los discursos de los historiadores Jaime Ferrer y Julio Gálvez que relataron la historia de la travesía del Winnipeg y destacaron el aporte de los pasajeros del carguero francés a la cultura, el arte y el desarrollo industrial y comercial de Chile.

En el acto han participado un coro catalán y un grupo de sevillanas, y en él se ha exhibido un documento audiovisual con fotografías, dibujos y vídeos de la guerra civil española, los republicanos en el exilio y la travesía del Winnipeg.

En la proyección se ha incluído el relato de Agnes América Winnipeg Alonso, una mujer que nació durante la travesía del carguero, perteneciente al Partido Comunista francés.

Un viaje sin retorno

Pablo Neruda conoció la situación de los refugiados españoles en campos de concentración franceses durante su etapa de cónsul chileno en Barcelona y Madrid.

A su regreso a Chile, en 1937, convenció al entonces presidente Pedro Aguirre Cerda para fletar un barco para trasladar a algunos refugiados a Chile para ofrecerles una vida mejor.

En 1939, el poeta viajó a Francia con este propósito, donde recibió miles de solicitudes de españoles refugiados que querían embarcarse en el Winnipeg rumbo al continente americano.

Ayudado por el ex gobierno republicano español, Neruda seleccionó las familias de refugiados que partieron desde el puerto Trompeloup-Pauillac, cerca de Burdeos, el 4 de agosto de 1939. Llegó a Chile un mes después con miles de pasajeros que no tuvieron la oportunidad de regresar a su patria.

Una de ellas fue Elvira Alonso, que a los doce años se embargó junto a su familia en el carguero, cuyas literas eran un lujo comparadas con los montones de paja sobre los que dormían en los campos de concentración, y aún hoy recuerda que lo primero que encontró al llegar a Chile fue “paz”.

Desmontando mitos

Los exiliados Víctor Pey y Roser Bru, y los historiadores Jaime Ferrer y Julio Gálvez, participaron en una charla para desmentir varias de las leyendas que circulan en torno al Winnipeg y sus tripulantes en la que, además, contaron anécdotas de su viaje a Chile junto a alrededor de 2.300 refugiados más.

En contra de algunas versiones que salieron publicadas, el historiador Julio Gálvez ha afirmado que en el barco “sí embarcaron muchos anarquistas”, hecho que fue corroborado por uno de los asistentes al acto, quien se identificó como el hijo y nieto de anarquistas que viajaron en el Winnipeg.

El historiador ha señalado que algunas publicaciones, basadas en el libro El éxodo, de Solano Palacios, un anarquista que viajaba en el Winnipeg, señalaron la ausencia de anarquistas en el barco. A pesar de que hay documentos que certifican que Neruda prefería que no hubiese anarquistas a bordo, el listado de pasajeros incluyó a muchas personas de esa ideología, ha indicado Gálvez.

El historiador ha señalado que Solano escribió una visión politizada de la travesía, donde calificaba a las mujeres que fumaban de “prostitutas” y a los veintitrés miembros de la tripulación chilena del Winnipeg de “borrachos”.

Los historiadores Jaime Ferrer y Julio Gálvez afirmaron que en el Winnipeg viajó “gente de todas las regiones de España” y con “oficios de todo tipo”, pertenecientes a hasta 33 movimientos y partidos políticos distintos, según las fichas de los pasajeros que se encontraron.

Víctor Pey, pasajero del Winnipeg, ha contado su salida de España y ha señalado que “entre 300.000 y 500.000 personas” se agolparon en la frontera entre España y Francia huyendo del dictador Francisco Franco. “Yo y mi hermano atravesamos los Pirineos con una brújula durante tres días y tres noches de invierno”, ha agregado.

La pintora Roser Bru ha declarado que el Gobierno chileno pidió que entre los pasajeros del Winnipeg se encontraran profesionales de todo tipo, con el fin de que pudiesen aportar conocimientos al pueblo chileno, y descartó que solo hubiese gente afiliada al Partido Comunista.

http://www.publico.es/internacional/248476/chile/homenajea/exiliados/espanoles/viajaron/barco/neruda

domingo 30 de agosto de 2009

En Chile se celebrará el 70 aniversario de la llegada de refugiados españoles en el Winnipeg

Bachelet celebrará el 70 aniversario de la llegada de refugiados españoles

Por Agencia EFE – hace 4 días

Santiago de Chile, 26 ago (EFE).- La presidenta de Chile, Michelle Bachelet, invitará a refugiados de la Guerra Civil española que llegaron a Valparaíso en el barco Winnipeg, en el marco de la conmemoración del 70 aniversario de su arribo, informaron hoy a Efe fuentes de la Asociación Winnipeg.

Bachelet y los miembros de esta asociación, integrada por los refugiados que llegaron en 1939 a Chile y sus familiares y amigos, celebrarán el próximo miércoles en el Palacio de La Moneda el aniversario de la llegada de alrededor de 2.300 refugiados al puerto chileno en un barco fletado por el poeta Pablo Neruda.

Entre el uno y el ocho de septiembre se desarrollarán varias actividades conmemorativas, entre las que se incluyen exposiciones fotográficas, conferencias y recitales líricos.

Los pintores Roser Bru y José Balmes, y el ingeniero Víctor Pey, todos ellos pasajeros del Winnipeg, participarán en una mesa redonda, mientras que el 3 de septiembre, coincidiendo con el día que la nave llegó a Chile, los refugiados rendirán un homenaje a Pablo Neruda con un viaje a la casa del poeta en Isla Negra.

Las actividades continuarán el 4 y el 8 de septiembre con conferencias y recitales líricos de los poetas Bejamín Prado, Mario Lorca y Julio Gálvez Barraza, en la casa de Neruda en Santiago, "La Chascona", y en la Biblioteca Nacional.

Pablo Neruda conoció la situación de los refugiados españoles en campos de concentración franceses durante su etapa de cónsul chileno en Barcelona y Madrid.

A su regreso a Chile, en 1937, convenció al entonces presidente Pedro Aguirre Cerda para fletar un barco para trasladar a algunos refugiados a Chile para ofrecerles una vida mejor.

En 1939, el poeta viajó a Francia con este propósito, donde recibió miles de solicitudes de españoles refugiados que querían embarcarse en el Winnipeg rumbo al continente americano.

Ayudado por el ex gobierno republicano español, Neruda seleccionó las familias de refugiados que partieron desde el puerto Trompeloup-Pauillac, cerca de Burdeos, en un antiguo carguero francés llamado Winnipeg el 4 de agosto de 1939.

Un mes más tarde, "el más grande poema de Neruda", tal y como calificó el poeta la hazaña, arribó al puerto chileno de Valparaíso.

José Balmes, uno de los refugiados españoles que llegó cuando tenía 12 años junto a su familia, valoró el esfuerzo del gobierno del presidente Cerda, que les mantuvo durante seis meses a su llegada, y aseguró a Efe que "la acogida del gobierno chileno fue una cosa maravillosa".

© EFE 2009. Está expresamente prohibida la redistribución y la redifusión de todo o parte de los contenidos de los servicios de Efe, sin previo y expreso consentimiento de la Agencia EFE S.A.

viernes 24 de julio de 2009

"El exilio es un tema espinoso, complejo y difícil"


Gonzalo Celorio. | A.H.

Gonzalo Celorio, escritor mexicano, estuvo en los cursos de la Uned


Gonzalo Celorio es uno de los autores mexicanos más conocidos en sus vertientes de editor, ensayista, narrador y crítico literario. Narrador y ensayista, es profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma, miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua, correspondiente de la Real Academia Española y de la Academia Cubana. Ha sido distinguido con los Premios Periodismo Cultural y Nacional de Novela y estuvo en los cursos de verano de la Uned de Barbastro.




Ángel HUGUET08/07/2009

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BARBASTRO.- El fenómeno migratorio, analizado en los Cursos de Verano de la Uned, permitió a Gonzalo Celorio la posibilidad de asistir a una ponencia basada en el libro "El recetario de mi vida", escrito por la mexicana Rosa Seco, sobre la vida de sus padres Águeda Mata, natural de Coscojuela de Sobrarbe, y José Seco, alcalde republicano de Barbastro. Celorio es autor de varias novelas, la más reciente "Tres lindas cubanas" y doce libros, el último "Cañones subversivos" (Tusquets), testimonio de formación donde destacan los nombres de Alejo Carpentier, Julio Cortázar o Gabriel García Márquez.

Sin embargo, a Barbastro le atrajo un libro "familiar" de pretensiones modestas, que ha sorprendido a los lectores. "Rosita ha escrito una biografía a través de un recurso tan brillante como las recetas de cocina para contar el itinerario a lo largo de la vida de sus padres, que incluye el estallido de la Guerra Civil, en Barbastro, campo de concentración en Francia, exilio y vida en México. El recetario ha sido buen pretexto para contar, muy bien, una vida". Destaca la importancia de las migraciones y el exilio. "Es muy importante que se dedique el curso a un tema espinoso, complejo, difícil y no siempre conocido. España aún no ha sabido conocer con profundidad qué pasó con la España peregrina del exilio. Los testimonios escuchados en Barbastro contribuirán mucho al conocimiento de la otra parte para que haya una visión más equilibrada y justa de la historia".

En su país se habla todavía del exilio. "Es un asunto muy importante. El sentido del exilio y el ideario de la República han quedado de generación en generación, los hijos, nietos y bisnietos tienen clara conciencia de su origen. Los exiliados españoles enriquecieron muchísimo la vida cultural de México, en todos los sentidos". Hace veinte años, con motivo de los 50 del exilio, "se organizó un gran homenaje en la Universidad de México y se recordó a españoles destacados en varias áreas, Humanidades, Filosofía, Historia, Literatura, Bioquímica, Astronomía, Música, Cine, Arquitectura… En casi todas las parcelas del saber hubo exiliados que ejercieron liderazgos y formaron alumnos".

La huella aún es alargada, "es indeleble y los resultados ahí están". Celorio viene con frecuencia a España, presume de "nieto nacido en Cataluña", y se considera muy vinculado al país donde nació su madre.